Liderar con inteligencia emocional, acompañar con inteligencia artificial

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Liderar con inteligencia emocional, acompañar con inteligencia artificial Liderar con inteligencia emocional, acompañar con inteligencia artificial

En la nueva revolución industrial en la que estamos inmersos, la inteligencia artificial se integra en cada faceta del entorno laboral, transforma la forma en que trabajamos –desde la automatización de tareas rutinarias hasta la toma de decisiones basada en datos– y redefine cómo interactuamos con la propia tecnología.

 

Claves para un liderazgo líquido

 

En el mundo corporativo, la IA debe ser vista como una aliada, si bien su implementación no está exenta de desafíos éticos y organizativos.

Las herramientas de IA no han llegado para sustituirnos, sino para convertirse en nuestros copilotos: estaremos al mando de las decisiones clave a pesar de contar con tecnología avanzada. Así, la verdadera ventaja competitiva de las organizaciones no estará en la tecnología por sí sola, sino en cómo los líderes la integran con una visión estratégica y humana. ¿Qué tipo de liderazgo necesitamos para hacer frente a este desafío revolucionario?

Si hablamos de materia, entendemos que la principal diferencia entre los elementos sólidos y líquidos es su resistencia a los
cambios. Un sólido mantiene su forma con firmeza, mientras que un líquido se adapta a su entorno, fluyendo según las circunstancias.

En el mundo de las organizaciones y el liderazgo, esta analogía cobra especial relevancia a través del concepto de “modernidad líquida”, acuñado por Zygmunt Bauman. Este sociólogo describe cómo “surfeamos las olas de una sociedad líquida siempre cambiante y cada vez más imprevisible” y explica que vivimos en una era de incertidumbre, donde lo que antes era estable y predecible ahora se ha vuelto volátil y efímero.

En este contexto, el liderazgo tradicional, basado en jerarquías rígidas y estructuras fijas, afronta su mayor desafío: evolucionar hacia un liderazgo líquido, adaptable y colaborativo.

La globalización y la digitalización absoluta han transformado la manera en que trabajamos, obligando a empresas y líderes a adoptar modelos más flexibles y dinámicos. Es aquí donde conceptos como holocracia u organización teal emergen como ejemplos de estructuras más ágiles, diseñadas para responder a entornos cambiantes.

El liderazgo líquido trata precisamente de inspirar y facilitar la adaptabilidad. Implica fluir con las transformaciones, fomentar una cultura de aprendizaje continuo y potenciar la colaboración en los equipos. En este nuevo paradigma, el líder no es quien impone reglas inamovibles, sino quien empodera a su equipo, promoviendo la creatividad y la autonomía.

Para lograrlo, el liderazgo debe apoyarse en habilidades clave, como la inteligencia emocional. Richard Boyatzis, en su obra Primal leadership, ha investigado la relación entre la inteligencia emocional y el liderazgo resonante. Sus estudios revelan que los líderes con alta inteligencia emocional crean ambientes positivos y productivos, fortaleciendo la confianza y la motivación en sus equipos.

En un mundo donde las habilidades técnicas pueden ser reproducidas por algoritmos, la inteligencia emocional se convierte en el gran diferenciador. Saber motivar a un equipo, comunicar de manera efectiva y gestionar conflictos con empatía es lo que distingue el desarrollo del estancamiento.

La gestión de equipos se convierte así en un ejercicio de equilibrio, donde el respeto por la diversidad y la promoción de una cultura inclusiva son fundamentales. Además, es crucial fortalecer la comunicación y la colaboración, puesto que todo lo que pasa o deja de pasar en las organizaciones tiene que ver con la calidad de las conversaciones que se tienen o no.

El éxito dependerá de la sinergia entre la inteligencia emocional y la artificial. Así, el liderazgo del futuro no será ni exclusivamente técnico ni puramente humano, sino una combinación de ambos. Será un liderazgo líquido que sabrá moverse con agilidad entre la tecnología y las emociones, entre la estrategia y la empatía, entre la eficiencia y la creatividad; un liderazgo que abrazará la incertidumbre y que, lejos de resistirse, se impulsará gracias a los cambios de la mano de las personas.

Liderar con inteligencia emocional, acompañar con inteligencia artificial

Saúl Larrayad

Coach en Escuela Europea de Coaching (EEC) ·